Vuelta al cole 2022 - 2023

LA ESCUELA EN LA MOCHILA

 

Una avalancha de mochilas se ha precipitado, en esta hermosa mañana de septiembre, por la gran puerta verde, en cuanto se ha desperezado y ha comenzado a moverse, invadiendo la escuela entre gritos, carreras y risas…

 

Mochilas de todos los colores y tamaños, nuevas y viejas, llevadas a cuestas o rodando sonoramente por el suelo, de la mano de sus jóvenes dueños o progenitores; mochilas que vienen repletas no sólo de cuadernos y libros, sino también de expectación,  curiosidad, nerviosismo, ganas de aprender y deseos de compartir; mochilas que llegan cargadas de experiencias, de historias que contar tras escribirse durante los interminables soles del verano, buscando quien las  escuche en un rincón del aula o del ya tumultuoso patio; mochilas que se detienen, sonriendo, ante la presencia de la maestra y saludan con todos los dientes a la vista de ida y vuelta:

 

- ¡Hola, seño, ¿qué tal?

- Muy bien, ¿y tú?

- ¡Estupendamente!

- ¡Vamos a pasar un año fenomenal…!

- ¡Eso espero…!

 

Y las mochilas se chocan unas con otras y se saludan, antes de llegar al añorado patio, lugar de paso hasta la clase. Las historias comienzan a salir, atropellándose unas con otras; sólo es cuestión de tiempo hasta que encuentren el lugar que les corresponde. Cruzando el patio, avasallado aún por el sol, dos patos surcan los aires recordando a las mochilas quién controla el espacio exterior al otro lado de la valla y a quién tienen que pedir permiso para hurgar en el Huerva cuando los balones caigan como proyectiles sobre sus aguas.

 

En el aula, todo está preparado para un recibimiento digno de una real estancia de muchos meses. Poco a poco las mochilas van ocupando su sitio y, tras oír todas las recomendaciones habidas y por haber del gran jefe o jefa, cada dueño comienza a vaciar todo cuanto, con sumo cuidado y mimo, fue introducido en ella el día anterior: libros y cuadernos de todo tipo y condición; y en algún lugar, entre sus páginas, el montón de deseos, de buenos propósitos y de sueños por alcanzar. (Vaciando la mía me he topado con uno, el primero que escribí al acabar el curso pasado y que me prometí a mí mismo hacer lo imposible para que se hiciera realidad: no permitir que los músculos avinagrados y faltos de ilusión que venden en el todo a un euro se apoderasen de mi mejor cara…)

 

Mil mochilas y mil historias vividas han tomado asiento en el aula, vidas enteras por descubrir y compartir; historias que irán tomando cuerpo a lo largo de los días, en atropelladas idas y venidas, de casa a la escuela y de la escuela a casa… A veces serán en color; otras, sólo en blanco y negro, pero no por ello menos cautivadoras. Puede que no todas acaben con final feliz, pero esto es lo que hace interesante el abierto final de todas y cada una de ellas: que el desenlace de cada capítulo lo escribimos nosotros y podemos introducir cambios a medida que pasan los días y las noches, como la luna que se reinventa cada atardecer, en solitario, envuelta en un manto de nubes o escoltada por cientos de estrellas…Historias apasionantes de las que necesitamos imperiosamente aprender para la vida…y contarlas.