Como todo lo que empieza, acaba; a todos nos llega ese momento de una u otra forma.

Y no es por nostalgia, pero sí quisiera hacer repaso, y repaso agradecido, porque es sólo eso lo que me sale del alma en este momento.

Repaso y preguntas. Hoy me las hago a mí misma, sabiendo que nadie es infalible y que habrá habido muchos momentos en los que me he equivocado, pero en otros muchísimos seguro que no; aunque las decisiones que haya tomado no siempre os hayan gustado. Estos han sido los más difíciles, os lo aseguro.

¿He dado todo lo que necesitabas y en el momento en que lo necesitabas?

¿He sabido acompañarte en todos los momentos? ¿En los fáciles y llanos? ¿En los difíciles y empinados? ¿En los que ni una cosa ni otra?

¿Te he sabido transmitir ilusión por aprender y por vivir?

¿Te he ayudado a ser feliz? ¿Te he enseñado a serlo?

¿He hecho que buscaras siempre lo positivo de ti mismo y de los demás?

¿He logrado cambiar lágrimas por sonrisas cuando estabas triste o preocupado?

¿Te he dejado claro que hay que ser honesto, trabajador, buena persona, en lugar de trepa, interesado, modorro?

Es lo mismo que quieren tus padres para ti, y el colegio es un refuerzo de ello.

Eso, en definitiva, es lo único que importa, porque matemáticas o lengua o historia o cualquier otra materia se aprende más pronto o más tarde. ¡Ay, madre, lo que acabo de decir! Sí, es así, porque toda esa sabiduría la tienes asegurada ya, por defecto; va implícita en el quehacer colegial diario.

¿Qué es lo único que queda? El esfuerzo, el esfuerzo que hayas puesto en cada momento del día. Se puede no ser una lumbrera, o sí, pero si no le añades una dosis importante de esfuerzo, será difícil alcanzar las metas que te hayas propuesto, y lo sabes.

Ser profe es ilusionante, es llenar la vida de sonrisas, de las vuestras. Es caminar con vosotros y a vuestro lado, pero tirando a veces de la cuerda para evitar rezagados, o empujar espaldas que ya se dan por derrotadas antes de hora. Es animar poniendo una mano en la cabeza al pasar por vuestra mesa, sin palabras, no hacen falta. Es ayudarte a pensar en cómo solucionar lo que no ha estado bien. Es valorarte en todo momento para que sepas valorarte tú siempre, en cualquier circunstancia. Es quereros lo indecible, aunque suene pegajoso.

Muchos años, muchos cursos y, por tanto, muchos alumnos y muchos padres, y compañeros, ¡ay, compañeros! Cuántas horas juntos preparando, discurriendo cómo hacer las cosas más asequibles a los chicos, y pasándonoslo muy bien con ello. Y con otras cosas, porque además de compañeros hemos llegado a ser amigos.

Ahora que se acerca el fin de trimestre, pienso en lo cansados que estáis todos, chicos y profes, en lo necesitados de merecidas vacaciones para coger fuerzas de nuevo, para volver con ilusión renovada.

Sé que cualquier día, en el súper, en cualquier gestión administrativa, en un centro comercial, en una consulta médica, en el cine, en la parroquia, tomando un algo por ahí, en un semáforo, en el tranvía o en Dios sabe dónde, me encontraré con alguno de vosotros, seguro que más grandes, más guapos, si eso es posible; a lo mejor ni os reconozco, ¡cambiáis tanto!, pero vosotros sí me reconoceréis.  Espero que no paséis de largo sin un hola, al menos, no seáis tímidos.

En cualquier caso, tenemos todos hecho el monumento en el cole, ese Corazón de Jesús que nos recibe por la mañana y nos despide cuando nos vamos. Allí cabemos todos, allí estamos todos. En él seguiremos siempre unidos.

Alicia Cambero

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