Buscando el sol entre las nubes...

BUSCANDO EL SOL ENTRE LAS NUBES…

 

 

La vida iba viento en… virus, peleando, entre mascarillas, con todos mis adorables alumnos por clases, pasillos y patios, en medio de comentarios y bromas de compañeros, cuando me dijeron que el PCR anunciado, tras haber sido confinada, había dado positivo y que me tenía que encerrar en mi habitación, aislada de la familia, durante 10 días, ¡10 largos días! que iban a dar para mucho….

A una de las primeras personas a las que, muy a mi pesar, se lo tuve que comunicar fue a mi hijo. Él, con 3 añitos, se acercó a mi cama y me dijo: “No te preocupes, mamá, es muy fácil, verás cómo lavándote las manos se va el virus...Vamos, yo te acompaño, te lavas las manos con mucho jabón y así se va”. Le dije que no era tan fácil, porque el virus ya estaba dentro de mi cuerpo. Entonces se fue corriendo hacia el armario donde guardamos las medicinas y vino con su Apiretal: “Mira, mamá, te voy a dar esto que entra dentro del cuerpo y así lo matamos…”  Le contesté, ya entre lágrimas, que no era así de sencillo. Y él me respondió: “Pues le voy a dar unos puñetazos…” mientras apretaba los puños. En ese momento, las lágrimas se hicieron risas, y es que, gracias a él, los días han ido pasando de una manera diferente…

 

Esa misma tarde, tras comunicármelo, el miedo comenzó a aflorar, miedo a lo que me podría pasar, miedo a que todo se complicara, miedo a… lo desconocido. Han sido días duros, algunos en la cama, cansada, con diferentes síntomas que me recordaban a todas horas que mi cuerpo estaba luchando contra este virus que nadie consigue entender aún del todo.

 

Días, también, en los que no todo ha sido malo, pues mi móvil no ha dejado de sonar: familia, amigos, compañeros, vecinos...enviándome mensajes de ánimo, contándome historias, recomendándome series y, sobre todo, manteniendo en el silencio de mi habitación largas conversaciones con todos ellos que me han hecho sentirme acompañada y sonreír.

 

Tengo que contar y dejar constancia, también, de la amabilidad y el cariño de mucha gente: ningún día nos ha faltado el pan en casa, ya que mi vecina de enfrente nos lo traía puntualmente y lo dejaba colgado del pomo de la puerta; otra vecina me ha dado acceso a una plataforma para ver series, …. Y sorpresas de las que te dejan sin palabras: un día me llamó otra vecina y me dijo que me había dejado en la puerta una barra de pan; cuando me asomé, me encontré con dos bolsas del supermercado llenas de leche, yogures, batidos, fruta, magdalenas,... de una familia que está pasando por una situación económica complicada.

 

No pude evitar emocionarme y dar gracias por tener personas tan maravillosas en mi vida, personas que no disponen de grandes medios económicos, pero tienen un corazón de oro; estoy muy contenta y me siento afortunada de tenerlas cerca a todas ellas.

Tampoco puedo decir una sola queja de mi marido que, día tras día, me ha preparado desayuno, comida y cena, y servido, puntualmente, cada plato “a domicilio” (mi habitación); ha cuidado él solo de nuestro hijo y lo ha hecho de 10. Asimismo, me siento orgullosa de mis compañeros, pendientes en todo momento de mi estado de salud y de mis alumnos para que no perdieran temario. Y, sobre todo, gracias a mi familia porque, a pesar de la distancia, nos sentimos siempre tan cerca, así como a mis amigos, y, por descontado, a mis chicos, Alberto y Mateo, que interpretan estupendamente el papel de médicos, humoristas, cantantes, camareros y  “levantadores de… ánimos”

 

¡GRACIAS!

 

Vanesa Calvo, profe del cole.

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