Bicentenario...

OS SOBRA TALENTO, QUE NO FALTE CORAZÓN

 

 

 

“…Con impaciencia y emoción he estado esperando vuestra entusiasta llegada al cole en este día tan especial de cumpleaños. ¡Doscientos ya! ¡Qué rápido pasa el tiempo! Parece que fue ayer cuando echábamos a andar con nerviosismo, ilusión y todo el corazón de Fourvière, en aquel Lyon gris de 1821…

 

 La mañana está radiante, con ganas de fiesta. Me gusta. Si no, ¿cómo vamos a celebrar este aniversario tan entrañable? Con satisfacción os he visto escuchar, a primera hora, el himno que llama a enfrentarse al dolor con fe y confianza. También con pasión. Hay tanto, dentro y fuera, que necesitamos pedirle al buen Dios que nos eche una mano, como muy bien habéis hecho cada clase en vuestros acogedores oratorios, durante ese ratito de silencio y oración. Un placer compartirlo con vosotros. (Gracias por quererme tanto, pero yo no era tan guapo como me habéis recreado, a trozos, en esa inmensa fotografía…)

 

Es apasionante desplazarse por clases, pabellones y patios, incluso por el parque Bruil, para ver, oír y sentir la vida, con todo su inmenso caudal de energía, corriendo impetuosa, a borbotones por vuestras jóvenes venas, desde los más pequeñitos, con esos ojos tan grandes, manchándose, riendo, las manos de pintura sobre el mural, pasando por las risas a la carrera, persiguiendo a un dinosaurio tras dos escasos minutos formando un Doscientos, continuando con esas pistas bajo llave, o recorriendo al aire libre el parque Bruil, para llegar…¿hasta mí? - ¡qué bueno! -, siguiendo, a duras penas, a esos balones que no paran de sudar o a esa áspera cuerda debatiéndose por qué legión de tensas manos tirando con fuerza y aguantando desgañitados gritos de sus profes tomar partido, hasta los más mayores, con esas alturas que tocan el cielo, ofreciendo a un sonriente Sagrado Corazón, con devoción y cariño, ese hermoso escudo de flores…

 

Toda celebración es un buen momento para agradecer lo que somos. Así que gracias por ser lo que sois y como sois. Escuchar, ser humildes reconociendo errores y pidiendo perdón, no dar nunca a nadie por perdido y poner todo el empeño, sin calcular, con pasión, en este sueño hecho realidad… es seña de nuestra identidad de familia Corazonista. Os sobra el talento, no dejéis que os falte nunca el corazón…”